
En la última década los baños en agua fría se han popularizado, llegando a darse tendencias virales alrededor del mundo en las que podemos ver cómo personajes populares y deportistas disfrutan de esta práctica ante el asombro de todos.
Sin embargo, la práctica de la inmersión en agua fría como terapia de contraste se remonta a hace cientos de años. Te lo contamos.
Origen de la terapia de inmersión en frío
Tenemos que ir hasta el siglo V a.C. para encontrar el origen de la terapia en baños de agua fría. Primero los griegos y luego los romanos observaron los beneficios para la salud de incluir en las zonas de tratamientos de agua, como balnearios y saunas, una poza de agua fría, a modo de contraste.
En la actualidad esta práctica permanece y se aplica en los spas y zonas wellness más punteros alrededor del mundo, ya que se ha observado que los baños de agua fría, realizados con control y dentro de un circuito controlado, traen numerosos beneficios para la salud y el bienestar.
Cómo tiene que ser la poza de agua fría
Si bien es cierto que la terapia de inmersión en frío aporta incontables beneficios tanto al cuerpo como a la mente, también hay que tener en cuenta que, para cumplir con su función, cualquier piscina de agua fría no es válida, sino que debe cumplir con una serie de estándares y requisitos. Veamos cuáles son:

Temperatura de la poza de agua fría
Para entender bien la función de la poza de agua fría, debemos partir de que el objetivo de la poza es el contraste.
El usuario realizará un circuito controlado, desde las zonas de vapor o de piscinas templadas/ calientes hacia la zona de agua fría, de modo que, para que el contraste sea real y útil, la temperatura del agua debe oscilar entre los 7º y los 12º.
Dentro de este margen se puede jugar de modo que el agua esté lo suficientemente fría como para que el contraste resulte estimulante, pero que además sea seguro para la salud y, lo más importante, que el usuario esté satisfecho con esa temperatura y la soporte durante el minuto o dos que se recomienda que dure la inmersión en un principio.
Diseño y construcción de la piscina de inmersión en frío
Una de las grandes ventajas de la poza de agua fría es que, al no utilizarse para el nado ni para incluir a muchas personas, puede ser pequeña. Aunque el tamaño dependerá del número de usuarios que puedan estar en el circuito termal a la vez.
Como referencia, se puede establecer que sólo un 5-10% de los usuarios usarán la poza de agua fría y no lo harán a la vez, dado el tiempo reducido del tratamiento .
Respecto a la estructura de la poza, en la mayoría de los casos recomendamos que se construya en hormigón aunque también podría integrarse en acero inoxidable, si la estética del proyecto lo permite.
Esta piscina de agua fría podría integrarse tanto a ras de suelo, como ligeramente elevada o bien con una altura considerable, aprovechando un ángulo muerto o zona menos usada dentro del spa.
No obstante, un aspecto importante a tener en cuenta en el diseño de la poza de agua fría es la profundidad del agua. Te recomendamos que sea lo suficientemente profunda como para que todo el cuerpo hasta los hombros quede sumergido. Esto implicaría una profundidad entre 1m y 1.5m.
A estos efectos, lo ideal es tener en cuenta la altura promedio de los usuarios de la zona donde va a estar construido el spa. Ya que no es lo mismo un usuario escandinavo que uno latino, cuyas alturas suelen ser bastante dispares.
Consejos de utilización de la poza de agua fría

Una vez diseñada y construida la poza de agua fría dentro de la zona wellness, es de vital importancia tener muy claro el modo de utilización de la misma y trasladar la forma de uso a los usuarios, para evitar correr riesgos innecesarios.
El modo de utilización de la poza va a venir determinado por el resto de elementos que compongan el spa, pero en términos generales podríamos decir que un uso adecuado podría ser alguno de los siguientes:
- Ducha caliente + baño de vapor o sauna de 10/15 minutos + baño de un minuto en poza de agua fría + baño en agua templada + baño en agua caliente
- Entrenamiento deportivo intenso + baño de agua fría + baño de agua caliente + baño de agua fría
- Baño en piscina de agua caliente + baño en poza de agua fría (alternar durante 15 minutos)
- Baño en piscina templada + baño en piscina caliente + baño en poza de agua fría (repetir 15/20 minutos)
Otra manera de utilizar los contrastes sin hacer uso de la inmersión es mediante las duchas de contrastes, que ya están programadas para alternar el flujo del agua fría con la caliente y que, en su fase final, pueden incluir la caída de agua fría desde un cubo en la parte superior.
El consejo más importante sobre el uso de la poza fría y que debes tener muy en cuenta es que el tiempo de utilización de la poza debe ser gradual, empezando por un minuto y ampliando ligeramente a medida que la tolerancia del cuerpo sea mayor y pueda resistir bien el contraste.
Beneficios para la salud de la terapia de inmersión en frío
El hecho de que la poza de agua fría sea cada vez más popular y solicitada ya es un indicio de que los usuarios notan sus beneficios a nivel físico y mental.
Si aún te estás planteando integrar la piscina de agua fría como parte de tu circuito de wellness spa, aquí te dejamos algunos de los mayores beneficios:
- Sensación general de “despertar” y revitalización tanto física como mental.
- Aumento de la sensación de energía.
- Mejora de la recuperación muscular y reducción del dolor post-ejercicio.
- Aumento de la tolerancia al frío, tras un uso continuo.
- Mejor oxigenación y aporte de nutrientes a la piel debido al aumento en la circulación sanguínea.
- Estimula la circulación sanguínea y el sistema inmunológico y facilita la contracción y dilatación de las paredes venosas.
- Disminución de la hinchazón y la inflamación, ideal para quienes sufren de dolor crónico o artritis.
- Mejora del estado de ánimo al generarse endorfinas.
- Aumento de la renovación de las células.
- Aceleración de la tasa metabólica inmediatamente después de su aplicación (ya que el cuerpo trabaja más para mantener su temperatura interna).
Conclusión: ¿Por qué incluir una poza de agua fría en un Spa?
Incorporar una poza de agua fría en un spa ofrece múltiples beneficios tanto para el cuerpo como para la mente, mejorando la salud y el bienestar general tanto de un usuario convencional como de un deportista.
Una piscina de agua fría diseñada adecuadamente, con una temperatura entre 7º y 12ºC y una profundidad adecuada para la inmersión total, puede integrarse de forma eficaz en el circuito termal de un spa.
El diseño y uso correcto, incluyendo ciclos controlados de inmersión, maximiza los beneficios, asegurando la seguridad y satisfacción de los usuarios. Así, se promueve no sólo la regeneración celular y la producción de endorfinas, sino también un aumento en la tasa metabólica, lo que en conjunto convierte a la poza de agua fría en un valioso componente para cualquier espacio wellness moderno.
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